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La virtualidad en este caos. Reflexiones.

La psicoterapia online ¿llegó para quedarse?

A esta altura del año ya no hace falta ahondar en los cambios que supimos afrontar lxs terapeutas de la salud mental en estos meses; si bien un porcentaje muy chiquito ya venía trabajando (y prefiriendo) la forma virtual, el otro gran puñado tuvo que armarse y reconstruirse de cero (o de menos diez en algunos casos).

Ya el tiempo pasó y la mayoría, tumbos más, tumbos menos, se adaptó y salió a flote, y si bien la flexibilización de la cuarentena nos permite el trabajo de forma presencial, el abanico de pacientes aún no logra volver de manera física a los consultorios. Llámese temor a contagios, llámese comodidad, llámese le encontraron el gusto a la virtualidad.

Debo admitir que estoy en el segundo grupo, tuve una gran resistencia a la atención virtual, dificultades para sostener los pacientes con los que ya venía trabajando y mucha ansiedad frente a los nuevos (vieron que además las consultas siguen en aumento, no?). Voy a ser sincerx y también diré que tuve un par de entrevistas en las que estoy segurx que las cosas no funcionaron como hubiese querido, esa sensación de saber que podría haber sido mejor, pero también de saber que lo di todo. De todas maneras, la sensación queda en el aire (o mejor dicho en mi mente) y es difícil quitarla.

Hoy me encuentro mucho más comodx en este rol, logré encarar tratamientos nuevos, sostener con mucho amor y mucha pericia los que ya tenía y, reitero, frente a toda esa disconformidad que tenía al principio, me pregunto si realmente tengo ganas de volver al consultorio. O si en realidad, soy una estadística más de las que ya se acostumbró al encierro.

Ustedes como la llevan?

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